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El Cinturón Rojo (Documental completo)



CINTURÓN ROJO 

Es un documental dirigido por Luis Campo Vidal para la Fundación Utopía de 52 minutos que aspira a recuperar la memoria de la lucha antifranquista en el cinturón industrial de Barcelona. Estudia el periodo que transcurre desde el año 1970 a junio de 1977 fecha en que se celebtaron las primeras elecciones generales. Relato secuencial de los acontecimientos históricos, y transversalmente se analizarán los elementos que los generaron y los hicieron posibles:

Los valores: Con sciencia de clase, Solidaridad, Austeridad
Las tácticas: Clandestinidad, los alias, Asambleas, Publicidad (tirada de octavillas, lee y difunde, pintadas)
Los líderes. García Nieto y otros líderes obreros y ciudadanos.
La organización: Movimiento obrero y sindical, movimiento urbano, movimiento cultural, asociaciones vecinales, organizaciones políticas.


PLANTEAMIENTO

Una mañana del año 1974, a la hora de entrada en las fábricas, cuando estaba amaneciendo, un coche oscuro recorre el barrio Almeda de Cornellà, donde se encontraban las empresas Pirelli, Laforsa, Fama y Clausor, después se desplaza unos tres kilómetros hacia la zona donde se ubicaban las empresas Siemens, Elsa, Plásmica y sigue otro kilómetro hacia donde está la fábrica Corbero en Esplugues. Viaja despacio. Le sigue un vehículo camuflado de la policía político-social. En el coche oscuro viaja de incognito José García Hernández, Vicepresidente Primero del Gobierno y Ministro de la Gobernación de Arias Navarro. Así lo narró Josep María Ferrer Panades, alcalde de Cornellà y más tarde subgobernador de Barcelona. Era el año 1974 y ya se hablaba desde hacía tiempo del “cinturón rojo” de Barcelona, del Baix Llobregat. El responsable de la seguridad del Régimen quería conocer el territorio y viajo desde Madrid para inspeccionarlo personalmente.

A finales de los años 50 se produjo en las comarcas que rodean la ciudad de Barcelona, un boom demográfico como consecuencia de un proceso de reindustrialización de Cataluña.

En el Baix Llobregat se ubicaron muchas industrias debido al bajo coste del suelo y su proximidad a Barcelona. El reducido precio del suelo dio motivo también a la construcción de viviendas que daban cobijo a los recién llegados. Entre los años 1950 y 1975 la población de la comarca se incrementó en un 380%. La población de la comarca paso de 96.000 a 462.000 habitantes. Los inmigrantes del Baix Llobregat fueron mayoritariamente andaluces, extremeños y murcianos. La consecuencia de este incremento poblacional fue el crecimiento urbano que se produjo de una forma caótica y especulativa. Se constituían constructoras que edificaban pisos pero no creaban equipamientos ni servicios básicos como alumbrado de las calles, pavimentación, cloacas, equipamientos escolares y sanitarios. Una vez vendidos los pisos a los emigrantes la constructora se disolvía y se creaba otra nueva que repetía la operación. Los ayuntamientos y el gobierno consentían cuando no participaban de este negocio especulativo.

La explotación de los recién llegados era doble. Se les explotaba como obreros en las fábricas y como vecinos en los barrios. En ese clima creció un movimiento obrero y vecinal fuertemente conectado.


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Històries d'amor entre un Centre social i un barri 2000

CENTRO SOCIAL ALMEDA HISTÒRIA D'AMOR ENTRE UN CENTRE SOCIAL I UN BARRI
Ramón Rull 2000

Ramón Rull nos habla, a través de este libro, de la clase de personas cuyos nombres suelen ser desconocidos de todo el mundo, excepto de su familia, de sus vecinos y de las oficinas de nacimientos y defunciones. Hasta no hace muchos años, también eran conocidos por la policía. En algunos casos, sus nombres son totalmente ignotos e imposibles de conocer. Algunos desempeñaron un papel en cargos de responsabilidad en la junta del Centro Social Almeda; otros en la biblioteca, en los grupos de jóvenes, en el esplai, en el teatro, etc. Otros simplemente estuvieron ahí, haciendo pina; Ninguno de ellos fue menos importante que otros.
Estas personas, corrientes, constituyen la mayoría del género humano. Los historiadores, cuando nos narran la historia, siempre nos destacan la importancia que los individuos y sus decisiones tienen para las historias, pero nunca incluyen a estas personas, las llamadas "comunes".
Las vidas de estas personas son tan importantes como la de un alcalde o un presidente de gobierno, aunque nadie haya escrito sobre estos hombres. Este libro demuestra que si no como individuos, pero sí colectivamente, estos hombres y mujeres son actores importantes en la historia de nuestro barrio y de la ciudad de Cornellà. Lo que hicieron, hacen, pensaron, y piensan estas personas cambió y puede cambiar la forma de la cultura y la historia. Este libro entre otras cosas rescata y rinde homenaje a estas personas, gentes corrientes, "gentes poco corrientes".
Los hombres y mujeres del Centro Social Almeda siempre han pertenecido por su historia y su práctica a ese sector social, que ha sido partidario de ir acomodando las ideas de progreso a la realidad de nuestro barrio.

Presentación: Juan Ruiz Cantos.

  Autor: Ramón Rull
 

Almeda Temps de Lluita i de progrés 1995

Vecinos y personas vinculadas al barrio. 1995

Baix Llobregat 1 de julio de 1995

Si la gauche divine tenia Cadaqués y Bocaccio, los inconformistas del Bajo Llobreqat tenían Almeda. El pequeño barrio rodeado de fábricas, a medio camino de los cascos urbanos de Cornellá y Hospitalet, fue refugio de utopías, laboratorio sociopolítico, cuna sindical, templo iniciático y patio de recreo para toda una generación que se encontró a finales los años 60 y primeros 70.

 Algunas personas que vivieron allí y lo vivieron creyeron que era necesario levantar acta de todo aquello: del Centro Social Almeda, del Grupo de Folk, de las colonias infantiles, de las luchas contra ciertos planes urbanísticos y por la canalización del Llobregat, de las inundaciones y la solidaridad que despertaron, de la política y el sindicalismo clandestinos, de la revista Carrilet y la radio libre, del desencanto y algunas discordias venales, de el aluminosis que derriba lo que no pudieron derribar los decretos y de la posibilidad de un futuro mejor para el barrio. Y por todo esto se ha editado este libro, Almeda, temps de lluita i de progres, en la más pura tradición autogestionaria de Almeda, donde más de 40 protagonistas de la época refrescan la memoria a los que la pierden tan fácilmente.

No es un libro de historia, pues, ni un relato personal (como el que hizo en 1975 Oleguer Bellavista, que fue capellán en el barrio), sino un conjunto de testimonios de primera mano precedidos, por una introducción académica a cargo de Joan Tardà. El método escogido tiene la ventaja de la ausencia de intermediarios, y el inconveniente de la escasa sistematización de los datos. Un punto fuerte del libro, muy dignamente editado con la ayuda de la informática, es la selección de fotografías.

Ignacio Ramoneda 



ALMEDA TEMPS DE LLUITA I DE PROGRÉS 

INTRODUCCIÓN
Almeda de "las barracas" al Hipercor

Que Cornellà nunca ha sido notable en lo que respecta al modelo urbanístico que ha inspirado el crecimiento, es una evidencia.

En la década de los años veinte ya había quien, a pesar de las restricciones a la libertad que imponía la dictadura del general Primo de Rivera, denunció que permitir el establecimiento de núcleos de población aislados en todo el término municipal era una verdadera chapuza y que lo que correspondía era acabar de urbanizar la actual barrio Centro y planear ensanches urbanos a partir de los límites del casco antiguo.

Entonces, aquel clamor fue como picar en hierro frío.

Llegar a esa situación no había sido, sin embargo, fruto de la casualidad. La estructura socio-económica de la población no daba para más. Veámoslo: La agricultura, a pesar de conservar un fuerte protagonismo, había pasado a segundo término y la industrialización era una realidad. No obstante, la existencia de diferentes industrias textiles, metalúrgicas y del sector químico provenía del establecimiento de sociedades anónimas, con sede barcelonesa, totalmente desligadas de la realidad cornellanense. En nuestro pueblo vivian los obreros, pero no todos porque ya por entonces con carreteras, caminos vecinales, carrilets y ferrocarriles llegaban de todas partes.

Ahora, sin embargo, en lo que respecta a los fabricantes Cornellà quedaba reducido exclusivamente a un lugar bien comunicado y favorable para inversiones, pero no para residir. Es por eso que el legado de aquella burguesía, a diferencia de otras poblaciones catalanas industrializadas en que se puede constatar aún hoy en día, en nuestra ciudad es inexistente.

Un simple listado de omisiones nos demuestra esta ausencia: falta de asociaciones profesionales y de instituciones financieras genuinas de la comarca, inexistencia de patrimonio arquitectónico digno, dependencia cultural hacia Barcelona, etc.

La falta de fabricantes cornellanenses condicionó negativamente aquellos años de crecimiento intenso porque, al no existir un proyecto de ciudad forjado por parte de la clase social que detentaba el verdadero poder económico, hizo germinar la semilla de la partición urbanística del término municipal, del desierto cultural y de la suburvialización.

A las puertas de la etapa republicana ya eran suficientemente constatables los resultados de la venta indiscriminada de solares hecha, al margen del planeamiento urbanístico global, durante los años precedentes.

Esta parcelación, que habían iniciado algunos propietarios de fincas bien avenidos con el poder político local, tuvo el siguiente resultado: núcleos de población aislados y desarticulados del casco urbano, Padro, Gavarra, Fatjó, Riera y Almeda, la población de los cuales en el año 1940 ya sumaba 3.308 habitantes (42% del total de la población censada).

El poblamiento de estos embriones de los actuales distritos obedecía a un asentamiento de población recién llegada, que por otra banda en Cornellà no era casual ni desconocido. Años antes el establecimiento industrias ya había atraído población de otras comarcas catalanas y había conducido a la apertura perpendicular de las calles que unían el Rubio y Ors y Jacinto Verdaguer y a la posterior urbanización de la Rambla Anselmo Clavé.

La novedad respecto a aquellas otras fases de incremento poblacional y crecimiento urbano radica en el hecho de que, en esta última, tan sólo una parte de los habitantes gozaban de la condición de población de derecho, ya que los nuevos espacios urbanizados también acogían segundas residencias. Este fenómeno durante los primeros años fue muy importante en los barrios del Padro y la Gavarra, y de menor importancia en Almeda, tanto por el número como por el nivel económico de sus habitantes.

Habría, sin embargo, que constatar una segunda diferenciación: mientras los barrios de la zona norte del término se fueron nutriendo de trabajadores empleados en las fábricas ubicadas a lo largo de la carretera de Esplugas y de la vía de Renfe, los primeros residentes de Almeda fueron familias que habían sido desahuciadas a raíz de las obras de la Exposición Universal y veraneantes de condición humilde.

Efectivamente, la venta de parte de la finca del último conde de Bell-lloc a diferentes compradores, entre ellos a la familia Almeda, que acabaría dando nombre a la barriada, había sido la causa de que en 1925 se iniciaran las primeras construcciones.

El paisaje que configuran las sencillas edificaciones de madera que se alzaron, se popularizaron por parte del resto de cornellanenses con el topónimo de "Las Barracas" y, por el contrario, Almeda siempre había utilizado el nombre de Cornellà para referenciar a la vecindad del actual barrio Centro.

Una vez terminada la guerra, fue abandonada la ejecución de los proyectos realizados por el Ayuntamiento republicano que hubiesen podido corregir el aislamiento de las barriadas. Además, al cierre del apeadero del ferrocarril, abierto en 1937, y al cierre de las escuelas de Can Mercader se añadió la incapacidad gestora de las nuevas autoridades. Valgan como ejemplo los ocho años que el consistorio tardo (1941 -1949) para llevar a cabo el proyecto de un colegio y para acabarlo de adobar, nunca fue construido.

Tiempo de miseria y esclavitud laboral presididos por el racionamiento y el estraperlo, iniciados con una cruel y masiva opresión que progresivamente a medida que la dictadura se asentaba fue dando paso a una represión policial selectiva.

Y fue un síntoma de esta aparente relajación del Régimen, la recuperación del asociacionismo, hasta entonces restringido a entidades adictas -Patronato Cultural y Recreativo -o oficiales -Educación y Descanso- y dirigidos de forma exclusiva a los vencedores de la guerra.

Con el cambio de década, se insinúa, con la contribución de la llegada de adultos de la primera generación ajena a los campos de batalla, un proceso de reencuentro de ambos bandos enfrentados en la guerra. El ocio deportivo, el folklore y otras actividades de la cultura popular fueron los vehículos que materializaron la creación de nuevas entidades y la reapertura de las que habían sido suspendidas.

A pesar de la marginalidad que imponía el aislamiento y los déficits del barrio, desde Almeda se participa en esta recuperación. Se constata, asimismo, una coincidencia de características y objetivos entre los ciudadanos de toda Cornellà protagonizan el mencionado resurgimiento: la confluencia de procedencia ideológicas republicanas y la homogeneidad idiomática y cultural catalanas estaban presentes de igual manera entre los fundadores de la UEC, los antiguos socios del Orfeó que consiguieron el levantamiento de la clausura impuesta en 1939, los promotores Club Ciclista, etc, y los vecinos de Almeda que en el año 1948 crearon la Sociedad Recreativa.

Creada por ex miembros de sindicatos obreros y de partidos catalanistas depurados o reconvertidos al uso de la época, hicieron posible que a través de la Sociedad Recreativa Almeda, en la barriada se desplegase durante unos años una serie de actividades teatrales, folclóricas y de ocio, que, pese a la precariedad y la condición periférica de Almeda, mantenía un hilo de continuidad con la comunidad cornellanense y con el pasado.

En 1954 se acababan de enterrar las tarjetas de racionamiento, las estadísticas señalaban que se habían recuperado los niveles de renta de antes de la guerra y era un hecho la consolidación del empleo industrial del ámbito Siemens- Padró.

En cuanto a la parte baja del término municipal, la dinámica que genera la instalación de las primeras industrias, la reapertura de la estación (1947-1948) y la riqueza del acuífero comportaron el diseño de nuevas islas de uso industrial con fachada a la carretera de L'Hospitalet, las cuales, si bien hacían irreversible la consolidación del polígono industrial de Almeda, hipotecaban el crecimiento de la zona de viviendas desde el núcleo originario del barrio (calle Teodoro Lacalle) hasta la carretera. En este sentido, hay tener presente que el primer proyecto de ubicación de la escuela y la capilla hecho años atrás situaban estos servicios en la calle Dolores Almeda, a pocos metros del cruce con la carretera.

Con todo, y a consecuencia de la gran avalancha inmigratoria, una parte importante de la población malvivía. Se alejaba de la marginación en la medida que disfrutaba de un contrato laboral, pero al mismo tiempo rozaba la marginalidad levantando chabolas a los márgenes del río, agujereando cuevas a los taludes de la vía de Renfe o amontonando familias realquiladas en viviendas reducidas, tal como lo demuestra un informe oficial que en 1957 hace evidente que Cornellá tenía un déficit de 1.500 viviendas.

Hasta entonces todas las energías -que no proyectos- que se habían empleado a fin de resolver la progresiva agudización del problema de la falta de viviendas habían topado con el desinterés de los Industriales y la falta de terrenos públicos. La donación de un solar por parte de la familia Almeda facilita un nuevo intento. Aprobadas en el año 1953, construidas 1956 y adjudicadas a finales de 1959, la construcción a cargo del Instituto Nacional de la Vivienda de los "pisos de Almeda”, las (calles Tirso Molina / Busquets / San Fernando) debían transformar el barrio.

 Fue, pues, a principios de los años sesenta que la evolución del barrio Almeda adquiere una dinámica diferenciada del resto de la población, por coincidir el aumento del número de vecinos y la riada de 1962, que sería la primera de una larga lista de adversidades colectivas a superar.

Porqué demográficamente, el crecimiento repentino que representaron las ciento-cuarenta nuevas familias que estrenaron las nuevas viviendas, si bien no interrumpido la tendencia de los pobladores del barrio a vivir más hacia al Hospitalet que hacia el casco urbano, significa dotar al barrio de escuela y de iglesia.

El sobreesfuerzo exigido a la población inmigrada para superar las desventajas iniciales (aunque el 50% de las familias que habitaron los nuevos pisos hacía de uno a cinco años que residían en Cornellá, tan sólo trece eran constituidas por matrimonios catalanohablantes) no entorpece el papel aglutinador y dinamizador de la parroquia de San Jaime. Al contrario, fue común al desarrollado a lo largo de la década por la de Santa María y la de San Miguel, las cuales actuaban en un medio con porcentajes superiores de población autóctona.

Efectivamente, tanto en el Padro como en el barrio Centro la entrada en escena de una nueva generación de vicarios había significado un enriquecimiento de la vida parroquial. Más allá de los servicios religiosos, la incorporación al núcleo dirigente de las parroquias de feligreses ajenos a Acción Católica órgano que desde 1939 constituía el eje conjuntamente con los rectores, permitió la creación de escuelas, fundación de un grupo de escoltas.etc.

A diferencia de la de Almeda, estas parroquias no consiguen territorializar sus actividades, porque como se ha comentado el conjunto de sus feligreses, respondía a una mayor complejidad, por su estratificación social y por otra banda tuvieron que coexistir, como núcleos dinamizadores, con los núcleos asociativos ya existentes.

En cambio, la parroquia de San Jaime actúa en un medio de reducidas dimensiones, huérfano de entidades y círculos de influencia y homogéneo socialmente.

Y así, del mismo modo que fue un hecho la correlación existente entre el establecimiento de la parroquia y la organización de las primeras fiestas mayores, a raíz de las secuelas de las riadas de 1962 se hizo evidente el rol que, para las familias, iba adquiriendo la parroquia como referente del conjunto del vecindario. Todo ello posibilitó iniciar otras actuaciones inmediatas (Creación del dispensario y de una cooperativa para la construcción de viviendas, fundación del Centro Social, etc.) que contenían explícita o implícitamente el intento de dignificación del barrio. De aquí a la "reivindicación" tan sólo había recorrer el paso de la culminación del proceso de identificación del vecindario con sus "instituciones": los primeros balbuceos de la organización obrera y la lucha en favor de la canalización del río hacen el resto.

Paralelamente el asociacionismo tradicional cornellanense, vivía una crisis provocada por la deserción de los socios que iban incorporándose a una nueva sociedad con mayores niveles de consumo y que, en consecuencia, intercambiaban la vida asociativa de los fines de semana por la televisión y las colas en las carreteras. Este abandono provoca el atrincheramiento y la parálisis de las juntas, lo que provoca que la juventud, más interesada en nuevas actitudes frente al tiempo libre, ignorase su existencia.

No es nada extraño, entonces que de la misma manera que el barrio Almeda se convierte en un laboratorio de movilizaciones urbanas, se convirtiera a la vez en polo de atracción del sector de jóvenes de toda Cornellá que desde finales de los sesenta decantaban el inconformismo juvenil hacia el compromiso social y político.

Isla de libertad, el Centro Social Almeda de aquellos años fue un espacio "okupado" donde satisfacer inquietudes y desde donde hacer tangible la oposición a la Dictadura, bien cerrando el paso al descuartizamiento del barrio, impidiendo la construcción de viviendas en Can Mercader

También convendría hacer hincapié de la capacidad de los vecinos de Almeda para autoalimentar la lucha política en favor de la oposición antifranquista, exportando tácticas movilizadoras a las recién estrenadas Asociaciones de Vecinos y al aprovechamiento previa democratización de las viejas entidades cornellanenses aún en manos de los socios inmovilistas.

Esta generosidad tuvo efectos perversos, puestos de manifiesto a finales de la década (1976-1979), en el que la etapa reivindicativa iba cediendo paso a la de integración en la nueva realidad de libertades, el peso específico de la política opositora se trasladaba al barrio Centro y el grueso de la población despertaba en la primavera democrática de aquellos años.

Porqué entonces emergieron otra vez los déficits infraestructurales del barrio, agravados aún más por la agudización de la crisis económica y la desindustrialización del polígono industrial. Como si todo ello hubiera sido un espejismo apareció la realidad de un barrio infradotado, poblado de día de obreros en paro o en lucha en contra del desmantelamiento de las naves, que se debate entre un futuro industrial incierto, reconvertidor de máquinas y personas, y la necesidad de una planificación urbana que lo salvase de la marginalidad.

En este estado, las actuaciones infraestructurales (colectores, red de alcantarillado, etc.) Realizadas en los primeros años de democracia municipal no pudieron contrarrestar de forma inmediata esta situación. El barrio, entonces inicia la travesía del desierto en los años ochenta: la emigración de la población joven cualificada, hacia otros distritos de la ciudad, tan solo frenada por el progresivo aumento del precio de la vivienda, y una acelerada suburvialización cultural.

Las inversiones públicas de los años que precedieron a los Juegos Olímpicos ( Construcción de la Ronda de Dalt y del Litoral, soterramiento del Carrilet, las declaraciones de zona de urgente reindustrialización y Planificación del Campo del Empedrat ...) se sitúan en la base del último impulso constructor, todavía no concluido, en los últimos años. Transformación acaecida en la periferia del barrio, que ha estado paralela a la crisis de la aluminosis, al progresivo envejecimiento de la población y a la incógnita del futuro del Centro Social.

Todo ello plantea, por un lado, el reto de la capacidad para integrar estos nuevos habitantes: los que apenas hay estrenado residencia y los que pronto poblarán los espacios urbanos diseñados por el Ayuntamiento. Por otro, abre la incógnita sobre la actitud de estos nuevos residentes en lo que respecta al barrio. Mayoritariamente jóvenes, que hoy por hoy viven a caballo de las Rondas, justo han iniciado el descubrimiento del barrio a través de los paseos dominicales en Can Mercader y, tal vez, suspiran por el Hipercor.

Joan Tardà i Coma - 1995




Evolución de un barrio obrero Almeda - Cornellà 1977

Oleguer Bellavista 1977

En escriure aquesta monografía del barrí Almeda de cap obra literaria ni cap historia completa del barrí.
Jo vaig viure a Almeda des de principis de 1961 fins al gener de 1972. El que es reflecteix mes, dones, en aquest llibre és aquest període concret que jo he viscut mes intensamente i durant el qual he participat activament —no com una autoritat, sino com un veí mes— en la majoria d'accions que s'expliquen aquí. Aixó no exclou que faci també referéncies a fets i a persones anteriors o posteriors a aquest període.
L'evolució del barrí Almeda podría ajudar a comprendre l'evolució d'altres barris semblants, en alguns aspectes, que existeixen a diverses poblacions del Baix Llobregat, com, per exemple, a Sant Boi, Prat de Llobregat, Sant Feliu de Llobregat, Molins de Rei, Sant Vicenç dels Horts, Sant Joan Despí, Martorell, etc. Si així fos, jo estaría molt content del meu treball.
Aquesta breu historia de l'evolució del nostre barrí Almeda de Cornellà sens dubte que es podría aplicar a molts barris o pobles, fins i tot potser es podría titular «la historia d'un barrí qualsevol»; pero he cregut necessari escriure-la, perqué estimo aquest barrí, on he viscut durant onze anys, perqué n'he entrevist les possibilitats de promoció perqué els infants i.els joves puguin coneixer-ne una mica el que fins ara s'ha fet.

Almeda és un barrí totalment obrer i industrial, situat enmig de Cornellà i l'Hospitalet pel cantó del riu Llobregat. Pertany a l'ajuntament de Cornellà, pero fins ara ha estat molt abandonat de servéis; per aixó es pot dir que s'ha hagut d'autopromocionar. Avui dia té uns 5.000 habitants. Está situat a la part sud-est de Cornellà i es troba limitat, al nord, per la Torre Mercader i la via de la Ren-fe; al sud, per la carretera del mig d'Hospitalet i les empreses Laforsa, Siemens, Mintex, Butano; a l'est, per camps i l'empresa Facis; i a l'oest, pel camí vell del Prat i el riu Llobregat.


 Autor: Oleguer Bellavista
 

Presentación del libro Cornellà capital del CINTURÓN ROJO

Presentación del libro Cornellà capital del CINTURÓN ROJO

Almeda pista polideportiva 1973

Foto: 928-929-930-927 Stanis Verbón Crivelle

Almeda pista polideportiva 1973

Foto: 931 Stanis Verbón Crivelle


1º de mayo en Cornellà 1978

Foto: 929 Toni Baños
 
El PSUC de Cornellà conmemora el 1º de mayo 1978

Militantes del PSUC celebrando la legalización 1977

Foto: 928 Toni Baños